Vida 33, año 2. Nunca había tenido un sueño tan real y tan cruel. Todavía tiemblo al recordarlo. En principio, podría deberse a un trauma post-transmigratorio, pero ¿por qué ahora, casi dos años después? Quizá el desencadenante hayan sido ciertos comentarios que he recibido, que han removido mi conciencia.
En mi sueño, dos personas se cruzan con otras dos en un pasillo del Departamento de Transmigración, en el planeta Swnploo. No me cabe duda de que es ahí, pues he ido bastantes veces durante mis últimas dos vidas. Las personas que se cruzan son un ATE (asistente a la transmigración existencial) de raza xángiana que camina acompañando a un clon en uniforme, y otra ATE (la humana Andrea, la reconozco al instante pues es la que siempre me atiende a mí) que acompaña a un hombre mayor de aspecto cansado. Por un instante brevísimo, la mirada del hombre mayor se encuentra con la del clon. Sí, ambos son humanos. Sí, ambos tienen los mismos genes. Sí... ambos han sido, o serán alguna vez, Andrómedo. Y en ese brevísimo momento ambos comprenden que van a morir.
Pero ninguno de ellos soy yo. En esos momentos mi existencia se encuentra en compás de espera, mi pensamiento se ha quedado congelado, oscilando en forma de ondas resonantes dentro de una caja MENTE al final del pasillo. Por eso es imposible que yo tenga recuerdo alguno de esos minutos. Son casi dos horas que no existen en mi memoria. Pero en mi sueño la escena es tan real como si la estuviera presenciando.
Posiblemente lo que soñé era solo eso, el brevísimo instante en que el hombre mayor y el adolescente se miran a los ojos y por sus mentes cruza como un rayo la misma idea, pero invertida, como un espejo que se mira en otro espejo: "eres el futuro de mi pasado", "eres el pasado de mi futuro". Pero esta imagen brevísima venía acompañada de mil otras sensaciones que al instante empezaron a ramificarse como sueños dentro de sueños, y que, cuando al fin desperté, habían creado en mi memoria narraciones nítidas que se mezclaban con mis propios recuerdos. Ahora necesito urgentemente escribirlo.
Todo transcurre en el Departamento de Transmigración. Aunque voy allí regularmente, la mayoría de las veces es para que me hagan una copia de seguridad de mis enlaces neuronales. Casi siempre me atiende Andrea:
—Dejame tu caja, Andrómedo... Según el registro, contiene una copia de tus enlaces neuronales con fecha de hace 50.31 PGS. Guardar una copia actual borrará la copia anterior. ¿Deseás continuar?
—Sí.
—Si no te importa, ¿podés responder "afirmativo" o "negativo"? Es para el registro.
—Ah, sí, sí, digo, afirmativo.
El proceso apenas dura unos minutos, y no es doloroso, ni siquiera incómodo. Me tumbo y dejo que ese enorme artefacto al que Andrea ha conectado mi caja rodee toda mi cabeza y mi columna vertebral. "Empezamos, ¿eh?", oigo su voz algo apagada a través de la maquinaria, "intentá no pensar en nada, y, sobre todo, no dormirte". No pienso en nada. No noto nada, solo a veces un ligero zumbido. Para no pensar en nada, intento concentrarme en partes concretas de mi cuerpo. Los pies. Las piernas. Es muy relajante, pero no me duermo. Al cabo de un rato oigo "listo, pero dejame que verifique la copia". Unos minutos más y ya está. Me vuelvo a casa con mi caja.
El día de la transmigración todo comienza igual. Le doy mi caja a Andrea. Me tumbo. No pienso en nada. Me concentro en los pies. En las piernas. Todo es igual hasta aquí, entonces empiezo a notar el cambio. Me estoy concentrando en las piernas, y de pronto las siento más ligeras. Me concentro en el pecho, mi corazón está latiendo más rápido ahora. La espalda... ¡por fin! ya no me duele la espalda.
—Una vez más, ¿cuál es tu nombre?— oigo decir a Andrea.
—Mi nombre es Andrómedo— respondo, y mi voz suena algo infantil.
—Entonces listo, pero esperá que verifique que no se ha perdido ningún enlace.
Mientras, noto que la ropa me queda grande. Me encuentro algo agitado, me tiemblan las manos. Por fin me dice Andrea que me levante. Me ha parecido que he estado tumbado ahí solo un rato, pero en realidad han pasado casi dos horas de las que no tengo recuerdo alguno. Estoy algo aturdido, pero se me pasa rápido. Me vuelvo a casa con mi caja y con mi nuevo cuerpo.
Pero el hombre mayor de mi sueño, el Andrómedo viejo, se queda allí tumbado. No piensa en nada. Se concentra en los pies, en las piernas. Aunque no lo piensa, está esperando notar algún cambio, como ocurre siempre al transmigrar. Pero no sucede nada. Todo es igual que cuando hizo la última copia de seguridad. Cuando Andrea le pide que se levante, le sigue doliendo la espalda. "¿Y ahora qué?", piensa. No tiene ningún recuerdo de lo que pasó después de eso en transmigraciones anteriores, solo sabe que esta vez no le van a dar su caja ni va a volver a casa. Mientras sigue a Andrea por el pasillo se cruza con el clon, y entiende que va a morir. Solo le queda esperar, sentado en una habitación sin ventanas, vistiendo una monopieza gris después de que Andrea se haya ido con su ropa. Y la espera se hace eterna. Al final entra un ATE de raza xángiana a informarle de que la transmigración ha sido un éxito. "¿Y qué pasa conmigo?"... "Pues pasará lo que usted haya decidido que pase, cuando aún tenía derecho a decidir algo... a ver... reciclado de órganos." "Pero es que, verá, he cambiado de opinión." "Ya no puede." "Necesito hablar con el nuevo Andrómedo." "No tienen nada de qué hablar, él ya tiene los mismos recuerdos que usted... No ponga esa cara, hombre. No le va a doler."
El clon de mi sueño se llama T-28. Le gusta lo que a todos los clones, cantar canciones y jugar. En el CMC le hacen llevar uniforme y el pelo muy cortito y le intentan inhibir cualquier tendencia de pensamiento independiente, pero a pesar de todo T-28 es diferente. Y no solamente en su aspecto (aunque también, ya que ahora mismo no hay otros humanos en su CMC). T-28 tiene la creencia secreta de que ha vivido otras vidas antes de ésta y, a diferencia de sus compañeros, sí intenta pensar sobre qué le pasará en el futuro. Piensa que su existencia tiene una finalidad, pero aún no sabe cuál. También sabe que debe haber algún motivo por el cual los clones mayores se van graduando uno por uno pero nunca se despiden antes. Aunque ha oído varias posibles explicaciones, son solo rumores. El día que le llaman a él para llevarle al planeta Swnploo, sin embargo, no le preocupa nada de eso. Solo puede pensar en Y-31. El día anterior se habían besado. Ninguno de los dos sabía lo que era besar, pero les guió un instinto. El instinto también les dictó que debían guardarlo en secreto. Durante el trayecto en cápsula hacia el Departamento de Transmigración, solo piensa en su próximo encuentro. Pero al atravesar un pasillo, se cruza con un hombre mayor, se encuentran sus miradas, y sospecha que no habrá un próximo encuentro. Y entiende que va a morir. Más tarde le piden que se ponga esa ropa... es la que llevaba el hombre mayor. Le queda grande. Intenta pensar que todo eso no está sucediendo. Piensa en Y-31, mientras le rodean la cabeza con un complicado aparato. Piensa en su sonrisa. "Intentá no pensar en nada, y, sobre todo, no dormirte", oye decir a alguien con un fuerte acento humano. Piensa en por qué no puede dejar de pensar en Y-31. "Quizá es por su sonrisa, sí. O quizá es por cómo ladea la cabeza. Quizá es porque me acercó sus labios cuando yo le acerqué los míos. Quiz... z... zá es porque... todo es bonito, todo es multicolor... yo... por favor... no me olvides, Y-31, soy yo, soy T-28, acuérdate de mí, soy T-28..."
—¿Cuál es tu nombre?
—Soy T-28...
—Perdoná, ¿qué dijiste?
—S...
—Una vez más, ¿cuál es tu nombre?
—Mi nombre es Andrómedo.
Y entonces es cuando me desperté. Llorando.
Eska — 14-07-2005 14:22:27
Menavera — 14-07-2005 18:16:55
THAYSA — 16-07-2005 19:05:40
Andrómedo — 19-07-2005 19:42:05
Jakeukalane (Alberto) — 09-10-2005 20:55:41

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