Vida 33, año 25 y (retrospectivamente) año 15. Las cosas más extrañas me suceden a mí. Me gustaría contaros algo que me ocurrió hace diez años, a raíz de una conversación con mi ATE Andrea. Aunque en realidad todo empezó unos años antes, estando yo en la casa del planeta Intram. Os lo explico desde el principio:
El caso es que me encontraba yo preparándome para salir en mi viaje mensual hacia el planeta donde trabajo. Estaba solo, ya que, si no recuerdo mal, Cloonuwixñ todavía no había vuelto del sector 3. Entonces oí los ladridos de los perros en el jardín, y la llamada de alguien pidiendo permiso para entrar. Cuando llegué a la estancia que comunica con el exterior y accioné la apertura, una persona desconocida por mí entró caminando, seguida por la perrita xiwawa Tongdeng, que seguía ladrando mientras daba saltos alrededor de ella (aunque apenas alcanzando la altura de sus rodillas).
La desconocida no traía impulsor, como si hubiera llegado caminando. Su imagen se paralizó un instante, desapareció por una décima de segundo y parpadeó un par de veces, lo cual enfureció más aún a Tongdeng, que finalmente se lanzó contra las piernas de la visitante, atravesándolas como si no existieran. Por supuesto, yo ya me había dado cuenta, mucho antes de observar estos detalles, de que la figura que caminaba hacia mí no era más que un teleholograma... Ya sabéis cómo los telehologramas tienen esa ligera transparencia que la materia real no tiene. Entonces la desconocida abrió la boca y dijo algo así como "por fin te encuentro", aunque lo dijo en idioma inglch con un extrañísimo acento. Su mirada estaba dirigida hacia mí pero parecía desenfocada. He visto esto muchas veces antes, y nunca sé si el teleholograma me está mirando a mí o a través de mí. Esto suele ocurrir con los telehologramas asíncronos, por lo cual supuse que ese teleholograma era un mensaje pregrabado, así que permanecí callado, esperando a que continuase.
La visitante no dijo nada más. Me dediqué a observarla; no me cabía duda de que no la conocía de nada, seguramente (pensé) se trataba de un envío errado. Sus rasgos eran xángianos, aunque tenía algunas similitudes con los habitantes de la agrupación Draco. Por ejemplo, su piel no tenía el tono dorado típico de los xángianos, sino más bien una tonalidad plateada. Su estatura era algo mayor que la media xángiana, y casi comparable a la mía. Su cabello más bien corto estaba peinado de manera que mantenía una posición vertical hacia arriba. Sus características físicas tenían la ambigüedad habitual del xángiano hermafrodita, sin embargo su forma de vestir, con unos pantalones abolsados de fibra vegetal y un chaleco de algo parecido a piel de sqwirx, al igual que sus gestos, denotaban claramente que adoptaba un rol de género femenino al estilo de los humanos. Mientras yo esperaba a que dijera algo más, permanecía de pie frente a mí, sonriendo, ladeando la cabeza ligeramente, y por un instante su imagen me resultó vagamente familiar, pero no supe de qué. Finalmente, dio un par de pasos hacia una superficie horizontal que tenemos en esa estancia y que usamos para apoyar objetos temporalmente (y que llamamos mesa), introdujo su mano en un bolsillo de su ropa y sacó un objeto pequeño y brillante. Lo dejó sobre la mesa, se volvió hacia mí, dijo en inglch "estoy en Gangurru" (sector 9, pensé yo), se dio media vuelta y salió por donde había entrado. Miré por un instante el objeto que se había quedado sobre la mesa. Era una especie de cilindro pequeño, ancho y corto, o un disco bastante grueso, con brillo metalizado. No supe muy bien qué era, aunque me recordó a esos tambores de datos que los clones usan en sus juegos. Pero claro, no pude levantarlo de la mesa porque también era un teleholograma.
Guardé el mensaje hasta que regresó Cloonuwixñ, para enseñárselo. Quién sabe, pensé, quizá no fuera errado después de todo, aunque me seguía pareciendo extraño que alguien xángiano le enviase un mensaje en inglch en lugar de en su propio idioma, el pfasza-Xáng. Cuando repetí el mensaje delante de Cloonuwixñ, me sorprendió ver que el personaje desconocido decía únicamente algo como "perdón, me he equivocado", esta vez sí en pfasza-Xáng, y se iba. No se me había ocurrido pensar que el teleholograma, a pesar de ser asíncrono, podía estar programado en interactividad, no simplemente pregrabado. Pero ya daba igual, el mensaje se había autoborrado y yo ya me había convencido de que había sido un error, así que me olvidé del asunto en seguida.
Entonces (os preguntaréis) ¿por qué recuerdo ahora el tema en tanto detalle? Pues bueno, lo que pasa es que, hace ahora diez años, volví a recibir el mismo mensaje de nuevo, nada más regresar de hacer una copia de seguridad de mis enlaces neuronales en el Departamento de Transmigración del planeta Swnploo. No sé si lo recordaréis, la vez anterior que fui a Swnploo fue hace unos veintidós años porque me pidieron que fuera, y al final no entendí muy bien para qué. Los ATE xángianos siempre presuponen que los humanos no entendemos su idioma, por lo que ni siquiera intentan elaborar una explicación, y en aquella ocasión la ATE humana, Andrea, no estaba presente. Pero esta vez sí estaba, y me atendió ella, como de costumbre. Así que me venció la curiosidad y saqué el tema, a pesar de que se la veía muy atareada preparando el complicado equipo de canalización de enlaces neuronales. Básicamente, yo quería saber si el motivo por el que me hicieron volver a Swnploo fue que alguien había leído en mi blog lo referente a un extraño sueño que tuve (al menos eso era lo que yo había entendido).
—¿Blog?¿Qué es un blog? —contestó ella, sin énfasis y sin dejar de operar los controles de su máquina; antes de que yo decidiera si debía contestar o no, continuó— No, no... me imagino que fue por lo del clon que nos falló.
—¿Cómo? ¿Un clon... falló?
—Sí, qué loco, ¿no? Rechazo total a los nuevos enlaces neuronales, nadie se explica por qué. Inaudito. Claro, su dueño está enojadísimo, a día de hoy todavía no le terminaron de preparar un clon nuevo, y ya le tocaba transmigrar hace tiempo.
—Y... y ¿qué tiene que ver eso conmigo? —pregunté, aunque una espiral de vértigo en mi cabeza me estaba diciendo ya la respuesta.
—Con vos nada, en realidad. Pero parece que tu clon era muy amigo de ese clon, y, por las dudas... Sí, ya sé lo que pensás, —continuó, mientras yo permanecía mudo de aturdimiento— me imagino que ahora dudás de si seguir madurando tus clones en ese centro, pero te aseguro que es la primera vez que pasa algo así, y por supuestísimo están tomando medidas extra desde el incidente. No te preocupés por eso.
Claramente no era eso lo que me preocupaba, y Andrea no tenía ni idea de la tormenta de pensamientos que nublaba mi mente, en una extraña mezcla de recuerdos de una pesadilla casi olvidada con imágenes de un teleholograma diciendo "por fin te encuentro". A pesar de que sentía la necesidad de seguir haciéndole preguntas a Andrea, me callé, porque a la vez me di cuenta de que no quería oir sus respuestas: incluso si sus respuestas confirmaban mis temores, podría tratarse de una coincidencia. Terminé la copia de mis enlaces neuronales sin conseguir relajarme como debería (espero que la copia no haya quedado mal por culpa de eso), y me volví a Intram con mi caja MENTE. Presentía que la historia no había acabado, y así fue. Al llegar a la casa, esperándome en el inventario de envíos materiales recibidos, había un pequeño cubo negro, de un material similar al que se usa para fabricar la capa externa de las cajas MENTE que van a bordo de las hipercápsulas, y que es apropiado para envíos en hipercápsula en general. Dentro del cubo había un objeto pequeño y brillante. Era el mismo cuyo teleholograma había visto unos años atrás sobre la mesa de la estancia de entrada a la casa. Como pensé, se trataba de un tambor de datos, con un formato que mi interfaz aceptó sin problemas. Su contenido era de lo más variopinto a la vez que insulso: juegos para clones, dibujos, historias simplonas, canciones de moda entre los clones... pero al llegar a las imágenes, se confirmaron mis sospechas. En muchas de ellas aparecía un clon de piel ligeramente plateada cuyos rasgos eran idénticos a los de la misteriosa remitente del tambor de datos, y junto a ella en muchas ocasiones aparecía además un clon de raza humana que, aunque sin barba y algo canijo, era claramente un boceto de mí mismo. Observé por un par de minutos a los dos clones en uniforme, con ese pelo tan cortito, cantando a dúo una espantosa canción de un grupo llamado Backstream Clones, gesticulando sin mucha gracia, y sentí algo que no supe si era vergüenza ajena o simplemente vergüenza, así que avancé hasta el final del tambor de datos. Y ahí estaba, de nuevo, el teleholograma que había recibido años atrás.
Volví a cargar el teleholograma en la estancia de entrada para que todo fuera igual que la primera vez, y fui allá a encontrarme con él. Cuando entró, Tongdeng lo miró un instante y estiró las orejas, pero decidió seguir con su siesta.
—Por fin te encuentro —dijo la visitante, en inglch con acento que deduje era de Gangurru.
—¿Quién eres?
—Soy Y-31.
—Eres aquel clon que falló, ¿verdad? —le espeté yo, sin muchos rodeos.
—Sí. Mi cerebro se negó a ser sobreescrito. Y todo fue gracias a ti... gracias a nuestra amistad.
—¿Gracias a mí? Ahá. Y dime, ¿quién soy yo?
—Tu nombre es Andrómedo, pero para mí siempre serás T-28.
La cabeza me daba vueltas, me tomé un par de segundos para pensar qué responder.
—T-28 está muerto. Yo lo maté —se me ocurrió decir. El clon rebelde no dijo nada, y siguió sonriendo. Seguramente no tenía respuesta programada para eso. Casi se me había olvidado lo frustrante que puede ser intentar mantener una conversación normal con un teleholograma asíncrono.— ¿Qué quieres de mí?
—Solo he venido para darte las gracias y para que sepas que estoy bien. Estoy en Gangurru.
—Ya lo sé. ¿Pero qué demonios haces en el sector 9?
—Mi dueña me ha enviado aquí a estudiar. Si hago suficientes méritos, me dará mi libertad.
La verdad es que todo me sonaba muy extraño, pero en ese instante decidí que no quería seguir pensando sobre el asunto. Bastantes preocupaciones tenía yo ya con todos los preparativos de mi sabático. Cuando iba a desconectar el teleholograma, volvió a hablar.
—Volveré por ti, —dijo— compraré mi libertad y volveré a Xáng.
Rápidamente apagué la conexión y me quedé pensativo. ¿Qué quería realmente ese clon de mí? Guardé el tambor de datos entre otras cosas mías pero preferí no contarle nada a Cloonuwixñ, para que no se preocupase.
Y sí, como os estaréis figurando, durante estos últimos diez años he vuelto a recibir noticias de Y-31 en varias ocasiones. Sigue en Gangurru, trabajando duro por su libertad. Y sigue obsesionada con aquel otro clon que yo usé en mi última transmigración y que, antes de eso, fue su compañero de juegos. Y he de confesar que Y-31 me causa una mezcla de temor y admiración; es alguien que ha aceptado, desde el principio de su existencia, responsabilidades similares a las de un transmigrador antiguo; la vida de este clon no se parece en nada a la primera vida de un nuevo transmigrador, que cuenta con sus padres para, relajadamente, encontrar su lugar en la Galaxia, ni tampoco se parece en nada a la vida de un efímero, sin preocupaciones por el futuro... su tenacidad es envidiable. Pero lo que más me preocupa quizá es la idea de que un clon se pueda rebelar al implante de los nuevos enlaces neuronales. Si este fenómeno se empieza a repetir y a extender, podríamos presenciar el final de uno de los mayores avances de nuestra civilización: las técnicas de continuación de la existencia. Esperemos que no sea así.
Jakeukalane (Alberto) — 15-06-2006 21:58:53
Menavera — 17-06-2006 23:32:36
Andrómedo — 19-06-2006 11:34:59
Menavera — 21-06-2006 02:21:48
Dinorider — 22-06-2006 17:16:19
Gusgo — 23-06-2006 18:59:39
Laviga — 24-06-2006 14:22:57
Eska — 26-06-2006 22:08:05
Andrómedo — 27-06-2006 14:29:00
Eska — 24-07-2006 00:34:21
Menavera — 10-08-2006 13:56:04
alicant4ever — 23-08-2006 19:09:21
RAZORBACK — 25-08-2006 18:20:38
Eska — 28-08-2006 13:37:16
Mask — 27-09-2006 16:52:01
Gusgo — 04-10-2006 01:10:08
Laviga — 25-10-2006 10:20:04
Menavera — 14-01-2007 16:01:10

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